lunes, 24 de agosto de 2020

Dar sin recibir nada a cambio

           Es un acto social importante para la sociedad y el bien común. Más aun, ayudar a las personas de manera voluntaria frente a alguna necesidad y brindar un apoyo o colaboración por un beneficio a ellos, es un claro ejemplo que define el comportamiento prosocial. Esta consiste en conseguir un bienestar hacia los demás el cual está presente en una actitud colaboradora, solidaria y generosa que puede verse reflejado en cualquier momento o circunstancia de la vida social. Segun Holmgren, Eisenberg y Fabes (1998), la conducta prosocial hace referencia a los comportamientos llevados a cabo de una manera voluntaria para ayudar o beneficiar a otros, como serán compartir, dar apoyo, comprensión o protección (como se citó en Sanchez, Oliva & Parra, 2006, p. 2).

            ¿Y porque es importante? Para entender cuál es la relevancia de las conductas prosociales y su papel en el desarrollo emocional y afectivo en la población (infantil, joven, adulta y mayor), se describen algunos aspectos que contribuyen al bienestar personal y colectivo. 

  • A nivel grupal, acciones prosociales reduce comportamientos violentos lo cual permitiría una buena funcionalidad en la convivencia y armonía en las personas, grupos y sociedades 
  • Comportamientos prosociales produciría un efecto multiplicador, es decir, es una vía de aprendizaje colaborativo. Tanto el que ayuda como el ayudado genera una retroalimentación de resultados positivos favoreciendo a futuro la réplica de estas acciones y estableciendo así un modelo o ejemplo a seguir. 
  • Mejora la calidad de las relaciones sociales como familia, amigos, pareja y entre otros contextos desde la comunidad, escuela o trabajo.
  • Potencia el desarrollo de las habilidades sociales y de comunicación siendo más asertivo al servicio y colaboración en grupo o por el otro
  • Ayuda a mejorar las habilidades de resolución de conflictos, la capacidad de empatía, el control de la ira, el respeto por las diferencias, etcétera
  • Aporta a la cercanía con el otro mediante la expresión de actitudes como prestar atención, escuchar activamente, ser empáticos, disponer tiempo para el servicio y ser solidario. 
  • Contribuye a un clima de bienestar, paz, concordia, reciprocidad y unidad en un grupo de dos o más personas.
  • Motiva al comportamiento de ayuda y colaboración buscando identificar los mutuos beneficios desde una perspectiva de cooperación social. 
  • Permite comprender las normas sociales y atender a las funciones y finalidades de cada organización para así reconocer el punto de vista del otro
  • Entre aspectos importantes, influye en la prevención y afrontamiento adecuado al manejo emocional del estrés
  • En los pensamientos, permite como contenido significativo crear valores que inciden a la autoestima y autoconcepto para así desarrollar una motivación en el desempeño eficaz y el cumplimiento efectivo en cada actividad personal del día a día.
  • Facilita emociones positivas como la alegría, la satisfacción y la serenidad   

            De acuerdo a lo anterior, se puede rescatar que las conductas prosociales son un factor protector a la hora de afrontar situaciones de exigencia o demandas en la convivencia ya sea en familia, trabajo, escuela, entre otras. No obstante, el valor importante a la hora de aplicarla en la vida cotidiana es que permite desarrollar habilidades conectadas con las demás personas y mantiene actitudes en búsqueda de soluciones beneficiosas por el otro y para la sociedad. 

Ps. Fabian Rodolfo Acevedo

Referencias 

Garaigordobil, M. (2014). Conducta prosocial: el papel de la cultura, la familia, la escuela y la personalidad.  Revista Mexicana de investigación en psicología, 6 (2), 146-157. Recuperado de https://www.medigraphic.com/pdfs/revmexinvpsi/mip-2014/mip142d.pdf

Richaud, M., & Mesurado, B. (2016). Las emociones positivas y la empatía como promotores de las conductas prosociales e inhibidores de las conductas agresivas. Acción Psicológica, 13(2), 31-42.  Recuperado de https://dx.doi.org/10.5944/ap.13.2.17808

Roche, R. (1997). Educación prosocial de las emociones, actitudes y valores en la adolescencia. Universidad Autónoma de Barcelona, Barcelona. Recuperado de http://www.prosocialidad.org/castellano/docs/028_RR_edu_pro.pdf. 

Sanchez, I., Oliva, A., & Parra, A. (2006). Empatia y conducta prosocial durante la adolescencia. Revista de Psicologia Social, 21(3), 259-271. Recuperado de http://personal.us.es/oliva/prosocial.pdf.


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