A propósito de la cuarentena o aislamiento que vivimos por la pandemia generada por el COVID-19, hemos consultado información sobre situaciones similares, esta revisión sugiere que la cuarentena a menudo se asocia con efectos psicológicos negativos, hay estudios que indican que estos efectos psicológicos pueden presentarse meses e incluso años más tarde, es decir tendremos un impacto con consecuencias a corto, mediano y largo plazo. Los síntomas de abuso de alcohol o de dependencia se asociaron positivamente a la cuarentena especialmente en trabajadores sanitarios. Los comportamientos de evasión también mostraron relación positiva con el aislamiento. (El impacto psicológico de la cuarentena y cómo reducirla: revisión rápida de la evidencia, The Lancet, vol. 395, 2020).
La situación actual la cual estamos enfrentando es totalmente diferente y sin precedentes, por lo tanto, tenemos que estar dispuestos a ir aprendiendo en el camino en la medida que se va desarrollando. Los datos existentes dan una mirada amplia sobre el impacto en los diferentes campos, y teniendo en cuenta que es algo nuevo para el mundo y conlleva nuevos retos como sociedad y como individuos.
Cuidar la salud mental juega quizá uno de los papeles mas importantes tanto con el propósito de minimizar los riesgos que podamos presentar al estar expuestos a una cuarentena tan extensa y a una situación tan prolongada de incertidumbre que impacta diferentes áreas de la vida (física, mental y emocional, económica, laboral, familiar ) como también el hecho de estar fortalecidos o estables al momento de enfrentarnos a los retos que llegaran posterior a la crisis y que sin duda tendrán nuevas exigencias.
Lograr la adaptación a estos cambios repentinos, constantes e inesperados puede marcar una gran diferencia, por eso es necesario tomar medidas para asegurar que esta experiencia sea lo más tolerable posible.
Un punto fundamental para reducir los riesgos en la salud mental es el de aprender a manejar y regular las emociones. Las emociones positivas y el bienestar se han asociado con un menor riesgo de desarrollar síntomas de salud mental (Keyes, Dhingra y Simoes, 2010; Wood y Joseph, 2010) y un mejor funcionamiento, resistencia y satisfacción con la vida (Fredrickson y Joiner, 2002).
De tal manera que si logramos este manejo aumentaremos las probabilidades de pasar esta crisis y reponernos a ella superando las adversidades y encontrando las mejores soluciones a los problemas que se presenten. Sabemos que nuestra realidad nos ha puesto en suspenso y que a diario nos vemos obligados a enfrentar cambios drásticos en todos los aspectos de la vida pero también nos está obligando a enfrentarnos con situaciones personales y luchas internas, estos retos que se afrontan desde la individualidad son quizás los más exigentes, que influyen significativamente en aquello que denominamos bienestar y que probablemente marquen la diferencia a la hora de retomar la nueva realidad que se construya.
Una de las consecuencias de las crisis es que revelan las debilidades y fallas estructurales en las sociedades donde ocurren (Eva Illouz), esto tanto como sociedad como individuos, es por eso que en este momento podemos estar experimentando confrontaciones personales que creímos olvidadas o simplemente en algún momento decidimos dejar pasar por alto, y ahora salen a flote, así como en las sociedades vemos descubiertas las debilidades en sistemas de salud, economía y políticas.
De acuerdo con la teoría de Barbara Fredrickson, Broaden‐and Build Theory(Fredrickson, 2001), las emociones nos permiten ser más resilientes al incrementar nuestros recursos sociales, mentales y emocionales; lo cual se convierte en una “reserva emocional positiva” que nos ayuda en tiempos de adversidad, construimos relaciones de apoyo mutua para superar momentos difíciles, y somos capaces de pensar más creativamente para resolver problemas.
Si bien es cierto que en internet y en medios digitales encontramos hoy por hoy un sin número de recomendaciones que pueden ayudar a potenciar las emociones positivas y fomentar nuestra resiliencia y capacidad para hacerle frente al estrés y dificultades, es también cierto que mucha información carece de objetividad y en algunos casos de la responsabilidad que este tipo de contenidos debe tener. Es natural que se desee experimentar estas emociones positivas y en general el bienestar, pero hay que tener especial cuidado con lo que nos han venido influenciado a través de los distintos medios, en la sociedad moderna nos encontramos con idealizaciones de realidades subjetivas o basadas en un ideal de felicidad caracterizado por un bienestar fundamentado en el consumismo.
Las emociones sentidas nos dan la información precisa para ser conscientes de lo que nos ocurre y de lo que necesitamos en nuestro vivir. Desarrollar la capacidad de escucharlas y convertirlas en nuestra guía, es una de las tareas más esenciales para nuestra vida (sabiduría emocional, Walter Riso, 2015).
Sin embargo, esta no es una tarea sencilla, es muy importante tener en cuenta que todas las personas somos únicos, por lo tanto, sentimos y pensamos de maneras distintas así que la manera de reaccionar es diferente, aunque las circunstancias sean similares.
La intensidad de las sensaciones sentidas está determinada por el carácter, la personalidad, el entorno, la cultura, las creencias, las experiencias de vida, entre otros. En el mundo moderno caracterizado por la productividad y el consumismo, donde pareciera que la sobreinformación no tiene límite, donde los influencers se han convertido en gurús y expertos multifacéticos, donde las tendencias son más importantes que las vivencias, donde lo sencillo y fundamental recupera su valor cuando la tendencia lo indica, aumentan los desafíos a la hora de cuidar la salud mental y desarrollar habilidades para identificar las emociones, regular las negativas y potenciar las positivas.
Una de las tareas como profesionales en la salud mental en este momento es trabajar en la prevención del impacto negativo que esta crisis nos representa, por lo tanto los invitamos a recurrir a fuentes de información confiables, establecer las redes de apoyo, fortalecer la comunicación con sus seres importantes, buscar estrategias que ayuden a mantener un buen estado del ánimo, alejarse de los contenidos que les generen algún tipo de malestar (noticias, vidas perfectas, influencers entre otros) busquen ayuda si sienten que no saben cómo manejar la situación, cualquier situación por la que estén pasando.
Texto: Psicóloga Paola Arias
Fuente; https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(20)30460-8/fulltext

Muy interesante y propio para el monento que estamos viviendo
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