martes, 19 de mayo de 2020

Apuntes para enfrentar la adversidad desde la resiliencia


Apuntes para enfrentar la adversidad desde la resiliencia[1]

“Superación”, “aguante” “resistencia”, “adaptación” “recuperación” son todas palabras, entre otras muchas, que se escuchan con bastante frecuencia en el contexto cotidiano del transcurrir de la situación actual en la que vivimos. Todas ellas, al parecer asociadas a una pregunta, ya abordada por la psicología social:  [2]¿Qué hace a las personas o las comunidades ser capaces de resistirse a la destrucción y construir una vida significativa a pesar de la adversidad? Una pregunta que se orienta a tres cuestiones asociadas al término resiliencia (que también empieza a circular en el lenguaje).

Lo primero tiene que ver con la frecuencia con la que nos referimos a las dificultades y problemas que hemos tenido, tenemos y tendremos todos, al hecho de que alguna manera los hemos sorteado con nuestros pocos o muchos recursos y apoyos. Lo segundo, es que en nosotros se ha ido estableciendo una “capacidad” para darle una configuración a las acciones que emprendemos para salir del atolladero y es justamente, más allá de hacer una definición o un manual de resiliencia, lo que en principio debemos reconocer en el nosotros colectivo que empieza por mí mismo, mi familia, mi conjunto residencial, mi barrio, mi localidad, mi ciudad.

Lo tercero, son los referentes “resistencia a la destrucción” y “construcción de vida significativa”. Dos componentes claves de la capacidad que expresa la resiliencia: la resistencia que está relacionada directamente con “protegerse de lo adverso” y la construcción de vida significativa, como posibilidad de sobreponerse y salir fortalecido frente a la situación que se presenta. Son en estos aspectos, en los que justamente se quiere insistir, tanto en la comprensión de la actual situación como en el fortalecimiento de nuestra capacidad de resiliencia.

Quedarnos en casa es el factor de protección más importante, no solo por evitar el contagio sino porque genera mentalmente la sensación de estar protegidos en nuestro nicho vital, el hogar. Además, las interacciones que se han venido dando al interior de nuestras familias, sin importar si son positivas o negativas, están definitivamente elaborando un conjunto de experiencias “significativas” en tanto, están dándole sentido a nuestra vida familiar. Quisiéramos que tales experiencias fueran positivas, pero ninguno vivimos en el mundo posible ideal, al contrario, lejos de darles una calificación, el tema es hacerlas presentes en las dinámicas que tienen. Es con todo muy posible, que estemos lidiando con verdaderas guerras familiares, con desencuentros que se habían ido postergando por falta de tiempo para resolverlos o incluso haciendo reconocimiento de nuestras equivocaciones en la crianza de nuestros hijos, solo por mencionar algunas situaciones. 

Allí justamente, hay otra escena de la situación adversa que vivimos, que debe activar nuestro pensamiento en estrategias y acciones para intentar resolver las dificultades, perfeccionando nuestros recursos, innovando nuestras estrategias, tal vez dándole evidencia a algo que tiene refuerzo permanente en nuestro imaginario colectivo “que somos muy recursivos y creativos”. En ese sentido, la resiliencia no solamente se refiere a la superación de situaciones traumáticas sino a su posibilidad como escudo protector que se ha ido construyendo de manera anticipada, que de hecho estamos construyendo junto a nuestras familias y que están movilizando nuestras acciones presentes.
Incluso cuando la estrategia, sea la de buscar ayuda para sobrellevar nuestras dificultades, la importancia de nuestra fortaleza en la resiliencia como capacidad es la de tenerla presente, de darle cabida a nuestra historia de vida en la que hemos con éxito superado las múltiples dificultades que se nos han presentado.   


[1] Juan Carlos Díaz Pardo. Psicólogo Fundaimagen
[2] Werner y Smith (1989) citado por Acevedo y Mondragón en Pensamiento psicológico. Vol 1, No. 5, 21-35
imagen. medium.com   

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