domingo, 10 de mayo de 2020

EL DUELO NO ES SOLO UN TEMA DE ADULTOS...¿QUE HACER? COMO ACOMPAÑAR A LOS NIÑOS DRANTE UNA PERDIDA?


El duelo2 es un proceso de adaptación ante perdidas o hechos traumáticos, puede ser la pérdida de un juguete, la perdida de la seguridad, la muerte de una mascota o un ser querido.

Según la etapa de desarrollo de los niños podemos identificar unas posibles reacciones y comportamientos esperables que son normales, en su mayoría son adaptativas, se generan como respuesta ante una situación de pérdida o incidente crítico, es importante tener en cuenta que cada niño es diferente y reaccionara de manera diferente, como cuidadores o adultos responsables conocer estas reacciones nos permitirá que lo afrontarlo de una manera más tranquila y calmada, por lo tanto brindar un acompañamiento más apropiado para los niños.

0 – 3 años debemos estar muy atentos a sus expresiones, las reacciones esperadas más comunes son problemas para dormir, problemas para despegarse del adulto, pierda control de esfínteres, verbalización con agresividad hacia los adultos (te odio, eres lo peor) más llanto, rabietas recurrentes.

3 – 6 años termina la primera infancia, es más autónomo, es más sociable, comparte sus juguetes, no distingue lo que es real y fantasía. Creen que la muerte es un estado temporal y reversible. Entienden que el fallecido está durmiendo y en algún momento despertara. Debido a su pensamiento mágico, creen que las cosas pueden ocurrir solo por pensarlo o imaginarlo, en algunos casos se atribuyen lo sucedido porque en algún momento dijeron o desearon algo malo a esa persona.

Reacciones y comportamientos diferentes, que hablen más de lo normal, o estén más agitados, no hablan, pueden expresar sus sentimientos de dolor a través del juego, sienten miedo generalizado, al estar solo, a dormir, a los animales, puede presentar inquietud ante la muerte de alguien más, miedo sobre quien los cuidara, regresiones, alteraciones del sueño, no querer ir a dormir solo.

6-9 años mayor madurez cognitiva, pueden entender más cosas que los niños menores, no la madurez de un adulto, son vulnerables a mal entendido, entienden que la muerte es irreversible, tienen conciencia de la muerte en las personas, animales y en general de los seres vivos, no tienen conciencia su propia muerte, pero si la de sus seres queridos.

Dentro de las reacciones esperadas pueden perder la autonomía, estar muy irritables, cambios en los patrones habituales de comunicación, poco habitual, miedo generalizado, miedo a estar solo, miedo a lugares desconocidos, miedo separarse de los cuidadores. Recrean la situación traumática por medio del juego o el dibujo3. Alteraciones del sueño, pesadillas y dificultades para dormir o dormir demasiado.

9-12 años, esta edad representa cierta dificultad, los niños no son niños y no son adultos.  su comprensión es muy similar a la de los adultos y podemos explicar casi todo como si estuviéramos hablando con uno, sin embargo, es una época de cambios físicos, hormonales y de personalidad por lo tanto se caracterizan por una enorme inestabilidad y esto va a condicionar sus reacciones ante los acontecimientos críticos y casi ante cualquier cosa. Sus iguales pasan a ser una parte muy importante para ellos, pude que por momentos se refugien en la seguridad de los adultos o en los amigos.  Generalmente tienden a llevar la contraria. A esta edad se empiezan a agudizar los conflictos intrafamiliares, se preparan para la adolescencia.

Tienen plena conciencia del concepto de la muerte, que nos afecta a todos y es irreversible. Empiezan a tener conciencia de la propia muerte y por lo tanto miedo a morir. Se observarán cambios conductuales. Hiperactividad, aislamiento y mucha irritabilidad. El mal humor es la forma de llorar, sin lágrimas, en los preadolescentes y adolescentes. Esta etapa acompañada de impulsividad, no solo contestan mal, sino que aumentan conductas de riesgo, muestran su malestar de alguna manera, es su forma de pedir ayuda pues no saben hacerlo hablando no logran identificar sus emociones ni lo que les pasa.

La comunicación se torna complicada, hablar de temas difíciles será más complicado pues les genera estrés, abordar un incidente les puede afectar la vida, por lo tanto, ellos preferirán refugiarse con sus amigas donde podrán evadirse de lo que está pasando. El papel del adulto es ser pacientes y mantener los canales de comunicación abiertos, siempre vale más que sean ellos los que inicien la conversación, tiene más resultado modular nuestras respuestas en función de sus inquietudes, así escucharan más.

¿Qué hacer y como brindar a los niños un adecuado acompañamiento en su proceso de duelo?

Se recomienda Contener, Calmar, Informar, Normalizar y consolar al niño, niña o adolescente.  Estas son recomendaciones generales que pueden favorecer la adaptación del niño ante una perdida y se deben seguir en orden.   

CONTENER. Es necesario brindarle al niño cariño, estar ahí para que se sienta protegido, intentar crear un ambiente calmado y tranquilo. Asegurar la comodidad y descanso, que duerma y coma, atender sus necesidades de juego y dibujo. Dejar que se exprese y estar ahí pendiente para para reconducir las expresiones que tenga. Es decir, si se tira al piso o golpea cosas se le debe reconducir esta reacción ayudando al niño a identificar o poner nombre a lo que está sintiendo, podemos ayudarnos de pensamientos tranquilizadores, por ejemplo, se que es muy triste, pero voy a estar acá para acompañarte, de esta manera evitamos que las emociones, miedos, sensaciones del niño se desborden. Con los más grandes buscar el equilibrio entre lo emocional y lo racional. Permitirles que se aíslen dejándoles saber que estamos ahí para ellos.

CALMAR. Ayudar al niño para que se relaje, por medio de baños, canciones, cuentos, situarnos en su mismo nivel para hablarles, si están entre los 3 y 6 años ayuda el juego con sus amigos imaginarios,  hablar con voz pausada, evitar alzar la voz, estar tranquilos y mantener la calma ante las reacciones que se estén presentando, recordarles situaciones anteriores donde el niños haya pasado un momento difícil y luego se sintieron mejor,  activar estos recursos de situaciones previas para activar los propios mecanismos de afrontamiento ayuda tanto a niños como a adultos,  nunca decir que si se calma todo va estar mejor,  pues eso posiblemente no va a ser así, lo recomendable es decir que lo ayudaremos para que se calme hasta que se sienta mejor. Con los más grandes es normal que no escuchen, hablen mal, griten, contesten, tiren cosas, dejarlo tranquilo, pero estar pendiente preguntándole si necesitan algo.

INFORMAR.  Explicar la situación usando lenguaje para su edad, que es lo que paso y que va a pasar luego. Dar opción para que pregunten y responder a sus preguntas con la verdad, es preferible decirles que no sabemos antes de decir algo que no estamos seguros, y que después resulta no ser cierto, esto genera inseguridad y desconfianza. Es importante no minimizar, explicarle todo lo que ha pasado y lo que pasará ahora, escuchar y averiguar qué explicaciones le han dado o ha escuchado de otros para complementárselas o aclararlas, siempre explicar con palabras sencillas, sin rodeos, de manera clara, que ellos puedan entender, hay que asegurarse que no malinterpreten la información y evitar ocultarles información. Con los más grandes además será necesario darles su espacio, pero regresar e invitarlos a hablar hasta que se de la conversación.

NORMALIZAR.  Dejarle ver que no son los únicos que sienten eso, que nosotros también lo sentimos, dejar que nos vean con nuestras expresiones emocionales. Si nosotros nos permitimos las expresiones ellos también lo harán, ayudarle a ponerle nombre a las emociones y normalizarlas, ser pacientes con los comportamientos de los niños no criticarlos por la pérdida de habilidades adquiridas. Nunca decir o prometer que las emocionen van a mejorar, seguramente se van a transformar. Prometer vamos a estar allí para ayudarles y que se sientan lo mejor posible. Con los más grandes hay que recordar que el mal humor es una forma de estar triste, es una forma de manifestarlo.

CONSOLAR Ha pasado algo grave y es una perdida muy significativa, pero, aun así, el resto de las cosas siguen, permitirles y apoyarlos para mantener las rutinas, realizar actividades positivas con ellos, permitirles que jueguen o dibujen lo que ha pasado, esto les permite integrar esta experiencia en su vida diaria. Darle la oportunidad al niño de participar de los rituales de despedida. El consuelo debe estar presente por mucho tiempo, haciéndoles saber que estamos ahí por si necesitan algo para sentirse mejor. Con los mayorcitos será necesario mayor comprensión, seguramente quien más puede consolar a esta edad son sus iguales. Es necesario permitirles ese espacio sin dejar de estar pendientes de ellos y si al cabo de 4 y 8 semanas no disminuyen estos comportamientos, se debe buscar ayuda.

Debemos ser conscientes que algunas normas las podemos flexibilizar por unos días, pero se deben volver retomar al igual que los límites.  

Si al cabo de 4 semanas sigue estando presente esta sintomatología y no se disminuyen los niveles de activación es una señal de alerta para buscar ayuda profesional.  Pida orientación, si tiene dudas pregunte, entre más tranquilo este usted más ayudara a los niños, niñas o adolescentes.

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1Niñas, niños y adolescentes
2Del latín "dolos" (dolor), se concibe el duelo como reacción natural ante la pérdida de una persona, objeto o evento significativo.
3Son adaptativas y le ayudan al niño a procesar lo ocurrido
5Primeros Auxilios Psicológicos. PAP. (2019) Universidad Autónoma de Barcelona. Recuperado 2019 https://www.coursera.org/learn/pap
Imagen. https://es.123rf.com/
Yeimy Paola Arias Rodríguez. Psicóloga FUNDAIMAGEN

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