lunes, 13 de julio de 2020

¿Se vale reírnos de la desgracia?

¿Se vale reírnos de la desgracia?[1]

No en pocas ocasiones, en el pasado se hacía una fuerte crítica al ejercicio humano de reírse de las desgracias ajenas o propias. Entre el cinismo y la frivolidad se ubicaba a quienes en medio de los malos momentos tenía la capacidad de hacer un chiste o simplemente hacer algún apunte gracioso de una situación adversa. Actualmente y gracias a las redes sociales se ha normalizado la posibilidad de reírnos de las situaciones sociales y personales del acontecer global y nacional. Se trata de una verdadera democratización de la risa y el sentido del humor que tiene grandes beneficios en nuestra vida social y que cada vez más toma fuerza en la gestión de las “emociones positivas” como la risa, el sentido del humor, el optimismo, la alegría por citar algunas. Al parecer, nos hemos ocupado, a profundidad y con bastante tiempo de las “emociones negativas” y sus consecuencias en nuestra salud; la tristeza, la melancolía, el estrés que dan lugar a la ansiedad, la depresión, la infelicidad.

En el balance, los nuevos campos de estudio, con la risoterapia a la cabeza están cambiando el enfoque de intervención sobre nuestro psiquismo y la manera como desde otra orilla, las emociones positivas pueden ser un factor de prevención y desarrollo de capacidades protectoras como la resiliencia y generadoras de estadios de bienestar personal y social. Una perspectiva que se corresponde con una amplia literatura de aplicación en diferentes campos como en la medicina, en el manejo del dolor crónico, en psicología para el “manejo de la depresión y el sentimiento de soledad”[2]. Por citar algunos ejemplos puntuales de trabajo.

¿Y por qué reírnos?  Una condición humana única en nuestra especie es la de reír. Ya en la antigüedad Aristóteles destacaba el rasgo exclusivo de la risa como atributo humano, “Homo Ridens”, para expresar cómo ya había una alusión a la evidencia física de lo que sucede en nuestro cuerpo al reír. En la cultura griegas existían dos estados que expresaban esa condición del cuerpo; la eucresía para definir la salud y la discresia para la enfermedad, en el equilibrio de los términos se expresaba la teoría de los “humores” del que deriva la acepción del “sentido del humor” (Sosa, 2007)[3]. Según esta definición química del cuerpo, existen cuatro humores: la bilis, la flema, la sangre y la bilis negra que en la medicina griega corresponden a rasgos componentes en la personalidad, el rasgo sanguíneo, el flemático, el colérico y el melancólico. El humor que da lugar a la risa, corresponde al humor sanguíneo, que se observa como una dilatación del corazón para liberar espíritus vitales que llegan al cerebro y los músculos del todo el cuerpo, incluso los de la cara.

Nos reímos y el cuerpo lo sabe, entre otros beneficios físicos y psicológicos la risa:    

·        Logra que algunos músculos al entrar en el juego tensión-distensión se activen y produzcan la risa produciendo sensación de relajación muscular. Incluso la actividad física producida por la risa es similar a la de una carrera moderada. Tiene incidencia en el sistema inmunológico al generarse más “Inmunoglobulina A” y “linfocitos T”, anticuerpos encargados de luchar contra virus y bacterias. Por lo mismo, nuestras defensas se refuerzan.

·        Facilita la quema grasa corporal por la contracción del abdomen y el diafragma, lo que facilita la digestión y por lo mismo. la eliminación grasa y toxinas del organismo. Al reírnos a carcajadas recibimos más oxígeno que el que habitualmente logramos en la respiración normal. En la risa los músculos requieren de mayores niveles de oxígeno en sangre.

·        Se liberan endorfinas, hormonas asociadas a la sensación de felicidad. Estudios clínicos han demostrado que entre mayor sea la intensidad de la risa más endorfina se segrega produciendo una mayor sensación de placer y bienestar. De igual manera, la risa también nos hace segregar dopamina y serotonina, sustancias que combaten algunos trastornos del estado de ánimo como la depresión o la ansiedad.

·        Incide en el funcionamiento del cerebro. Al reír segregamos otra hormona (neurotransmisor), la catecolamina, que tiene que ver con el correcto funcionamiento de nuestro cerebro en procesos como la memoria, el rendimiento académico y la agilidad mental.

·        Y por supuesto, reír nos hace más sociables, tiene un poderoso efecto de empatía y cohesión social generando una impronta única en la experiencia que compartimos con otros. Es deseable en todos los equipos mejorar el rendimiento y la consecución de logros, se ha establecido que la presencia de un ambiente divertido dentro de los límites del respeto favorece la creatividad y la gestión de soluciones frente a retos y problemas que debe enfrentar el equipo de trabajo.

Así que un compromiso de vida, en las actuales circunstancias debería ser el de REIRNOS más….

Esperamos en próximo artículo desarrollar el origen de la risa: de aquello que explica lo cómico, el sentido del humor y el chiste.




[1] Juan Carlos Díaz Pardo. Psicólogo FUNDAIMAGEN

[2] En interesante referencia ver: “Cambios en la depresión y el sentimiento de soledad después de la terapia de la risa en adultos mayores internados Quintero, Ángela; Henao, María Eucaris; Villamil, María Mercedes; León, Jairo Biomédica, vol. 35, núm. 1, marzo, 2015, pp. 90-100

[3] Sosa, N. (2007). Del humor y sus alrededores. Revista de la Facultad13, 169-183


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