martes, 15 de septiembre de 2020

POSIBLE RELACIÓN DEL TDAH CON LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR

 


Se sabe que el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, está asociado a factores genéticos, igualmente, esta predisposición genética se puede desarrollar a través de factores ambientales cómo en el embarazo (baja nutrición, consumo de sustancias psicoactivas, tabaquismo, alcohol, intoxicaciones, enfermedades, factores de ansiedad e hijos no deseados). Ya en el nacimiento, la relación con la progenitora es fundamental para un adecuado desarrollo psicoafectivo en el niño o la niña, es bien conocido que un vínculo fuerte, una madre protectora y amorosa, da cómo resultado un niño sano; y por lo contrario, un vínculo inadecuado cómo los malos tratos, el desapego afectivo, son factores predominantes para un desarrollo no óptimo en el niño o la niña, un ambiente cargado de agresiones y modelos inadecuados en la infancia, propician la aparición del TDAH y otros trastornos asociados a la infancia.

Los científicos han mostrado que, a través de la resonancia magnética de alta definición a nivel estructural, muestran anomalías y bajo desarrollo en diferentes estructuras del cerebro, en especial la corteza cerebral y la corteza prefrontal asociada con el buen control de los impulsos.

A nivel funcional, vemos que cuando el cerebro es estimulado, no se dan las conexiones adecuadas para un buen funcionamiento de las conductas esperadas, mostrando la anomalía en un cerebro poco madurado con niños con TDAH. En muchas áreas subcorticales observamos un pobre desarrollo como la amígdala, la corteza prefrontal, parietal y temporal. 

Los niños y las niñas con dichos trastornos, exhiben desde su niñez dificultades en sus relaciones con su entorno, mostrando altos niveles de irritabilidad, bajo control de impulsos, pobres niveles de concentración y atención, frustración, inestabilidad emocional y una hiperactividad marcada, ya que no pueden quedarse quietos en un lugar, corretean por toda el aula, molestan a sus compañeros, muestran niveles bajos de atención e interés por los temas e interrumpen hablando continuamente, por lo tanto, un bajo rendimiento escolar. 

Tanto los docentes cómo los demás niños reaccionan de una forma inadecuada generando en estos pequeños mayor ansiedad y frustración, en muchos casos cómo el Bullying, rotulando a los niños como insoportables empeorando el cuadro; estas conductas igualmente se presentan en los hogares de los infantes y en otros entornos.

Los niños y las niñas que no son tratados, presentan en su desarrollo problemas escolares y en su relación con sus pares, desescolarización y baja autoestima.

Ya en la adolescencia, se presenta problemas de ansiedad, baja autoestima, depresión, consumo de sustancias psicoactivas, conductas delictivas, desescolarización y se tornan impredecibles en sus comportamientos asumiendo embarazos no deseados. En la adultez, más del 70 por ciento pueden perdurar con estos síntomas asociados a baja concentración e incumplimiento de metas en su actividad laboral, desorganizados en sus proyectos y labores, generando frustración y bajo desempeño en su ejecución, desencadenando que sean despedidos de sus cargos. 

Es importante anotar que el TDAH puede aparecer en la edad adulta.

Cuando los niños son tratados en su infancia, estos síntomas disminuyen drásticamente, logrando desarrollar una infancia, adolescencia y adultez normal.

Cómo el TDAH, generalmente es de origen genético, el tratamiento más adecuado es el medicamento que debe ser formulado por médicos psiquiatras, que se basan en estimulantes y otros no estimulantes, a nivel terapéutico se vinculan a los padres cómo a los maestros para un mayor entendimiento y manejo con estos niños, en algunos casos, se ha demostrado que muchos de estos padres tuvieron TDAH en su infancia y ya en su adultez presentan los síntomas asociados.

En cuanto a las niñas, se observan síntomas diferentes que, en los niños, cómo la ansiedad, depresión y baja concentración, dejando de lado muchas de ellas un tratamiento efectivo ya que los diagnósticos están más encaminados a la sintomatología observada en los niños que tienen mayor prevalencia que las niñas, por lo tanto, un diagnóstico para cada género es fundamental para su manejo.

Los tratamientos en jóvenes y adultos pueden incluir tratamiento farmacológico  bajo supervisión médica, esto ayuda ostensiblemente en los síntomas de impulsividad, disminuyendo las conductas agresivas y violentas. 

En estudios longitudinales en el Reino Unido, ha mostrado que los niños y jóvenes tratados con fármacos y terapia de tipo conductual, cognitivo conductual y terapia sistémica, han mostrado buenos resultados, igualmente terapias asociadas cómo el neurofeedback, mindfulness y otro tratamiento es generar a través de boinas electrónicas en el cuero cabelludo, bajas estimulaciones eléctricas con el fin de estimular las áreas en el cerebro prefrontal inferior derecho, propiciando bajos niveles de impulsividad en las personas tratadas.

En mis abordajes terapéuticos y con la experiencia en violencia intrafamiliar en Comisaria de Familia, he podido encontrar algunas personas con esa problemática asociada a violencia intrafamiliar.


Dr. Carlos E Perdomo C.

Psicólogo especialista en psicología jurídica, Universidad Santo Tomás, Bogotá.

Equipo Fundaimagen


No hay comentarios:

Publicar un comentario