domingo, 25 de octubre de 2020

LA ANSIEDAD

 


La ansiedad es un estado emocional estresante desagradable, nos advierte del riesgo de posibles amenazas o peligros que se avecinan, nos lleva a prepararnos con anticipación y lograr minimizar el impacto; se puede confundir con  el miedo, sin embargo el miedo es una sensación desagradable ante un evento real. 

La ansiedad forma parte de nuestra naturaleza, se puede presentar como una reacción normal ante situaciones de estrés e incertidumbre para sobrevivir, nos lleva a la acción, sirve para adaptarnos, se da como un tipo de respuesta para prevenir algo, por ejemplo, si en algún momento la persona  siente que la están siguiendo para robarle y que puede estar en peligro, se dispara la conducta de correr, timbrar o  tomar un taxi.

También sirve para adaptarnos y ser resilientes y asumir nuevos retos.

La ansiedad se convierte en una patología, cuando es desproporcionada para la situación y demasiado prolongada, cuando afecta a nivel personal y social.

La ansiedad, tiene componentes cognitivos (lo que pienso con respecto a la situación que va a venir, componentes), fisiológicos (lo que mi cuerpo va hacer para enfrentar o escapar) y componentes conductuales (la conducta que se va a tener frente a la situación, la persona se presenta un estado a la defensiva, de agresividad, pasividad o de evitación).

Los síntomas: 

Físicos, no se respira bien, respira muy rápido, se tensionan los músculos para luchar o escapar, taquicardia, sudoración, vómitos, la visión se ve afectada las pupilas se dilatan para ver con mayor claridad el peligro, o se trata de ver posibles vías de escape o enfrentar.

Psicológicos, aprensión, miedo pavoroso o terror, inquietud, agobio, sensación de amenaza, de peligro, o muerte, inseguridad e impulsividad.

Cognitivos, pierde la capacidad de concentrarse, de razonar, entender, se siente confundido y preocupado.

Clases de trastornos de ansiedad:  crisis de angustia, agorafobia, fobia específica, fobia social, trastorno obsesivo compulsivo, por estrés postraumático, por estrés agudo, ansiedad generalizada, trastorno por enfermedad, trastorno inducido por sustancias, y trastorno de ansiedad no específico.

TIPS PARA BAJAR LOS NIVELES DE ANSIEDAD

Manejar la respiración, Inhalar por la nariz, contener el aire hasta contar hasta siete y luego exhalar contando hasta siete..

Inflar una bolsa de papel

Se sugieren las psicoterapias cognitivo-conductual en el trastorno de ansiedad social, o cuando se trata de un trastorno más avanzado, por ejemplo, un trastorno obsesivo compulsivo, estrés postraumático, etc.

 

MYRIAN CHACON SANABRIA  

Psicóloga Universidad INCCA de Colombia

Equipo FUNDAIMAGEN 

psicofundaimagen.mchacon@gmail.com

lunes, 28 de septiembre de 2020

Prácticas Prosociales en la Crianza



En la familia, la crianza para los niños/as y adolescentes en su formación de cada aspecto fundamental de su vida requiere de la participación indispensable y óptima de sus padres/cuidadores interviniendo inicialmente en el aprendizaje de adquisición de valores, normas, roles y herramientas que conllevan al manejo y resolución de conflictos. 

En este sentido y en general para el desarrollo en niños/as o adolescentes, los padres o cuidadores cumplen una función bastante importante para responder a cada necesidad o tarea que se presente en su vida cotidiana. Por lo tanto, algo que favorece demasiado en su relación y convivencia en la familia son las buenas prácticas de prosocialidad. Estas se deben instruir por parte de los padres como educadores de la buena enseñanza en comportamientos adecuados en pro al bienestar social e individual para sus hijos/as. Tal como lo afirma Martínez (2010), las pautas de crianza adecuadas facilitan el desarrollo de habilidades sociales y de conductas prosociales en la infancia, por lo cual es importante brindar sensibilización y orientación. 

Algunas actitudes o prácticas importantes se deben trabajar en familia y más como estrategia facilitadora en conductas prosociales dirigidas por los padres/cuidadores para sus hijos/as  para así generar y establecer un estilo o forma de resolver asertivamente cualquier situación social con cada integrante en el grupo. Según Martínez (2010), los/as niños/as a quienes se les asigna la responsabilidad de enseñar conductas prosociales a otros/as niños/as muestran más conductas prosociales en otras situaciones. De manera similar, a los/as niños/as que se les asigna la realización de tareas domésticas, o actividades de apoyo a los/as hermanos/as  (especialmente tareas que comparten responsabilidad hacia los demás), tienden a ser más prosociales que otro/as niños/as.    

¿Y cuáles prácticas o actitudes podrían trabajar los padres/cuidadores para fomentar la prosocialidad en sus hijos/as?

Acción de ayuda 

Consiste en la asistencia a otras personas para cumplir un determinado objetivo, y que cuenta con la aprobación de las mismas. En casa o en cualquier entorno, se puede surgir alguna necesidad del otro en donde se requiere la colaboración a partir de una actividad para así poderse cumplir y realizarse por completo como colaborar en los quehaceres desde el ejemplo de las personas adultas (padres) como modelo en sus acciones oportunas y reconocidas por sus hijos/as.  

Dar y compartir

Entregar objetos, alimentos o posesiones a otros perdiendo su propiedad o uso. Esto se puede entender cuando donamos alimentos o elementos de primera necesidad a personas que pasan por un momento de ausencia a ese recurso.  

Apoyo emocional

Es compartir y expresar ideas o experiencias para reducir tristeza de personas apenadas o en apuros para aliviar su estado de ánimo. Esta acción nos enseña a ser compresivos con los demás cuando se siente triste o ansioso alguien que pasa por situaciones difíciles o estresantes lo cual se acompaña con comentarios que permitan normalizar el momento reconociendo, identificando y validando el punto de vista del otro. Por ejemplo, “entiendo que puedas estar ansioso o nervioso. Hablar en presencia del público puede ser una situación angustiante la primera vez”.

Confirmación y valorización positiva del otro

Son expresiones verbales para confirmar el valor de otras personas o aumentar la autoestima de las mismas, incluso ante terceros. (Interpretar positivamente conductas de otros, disculpar, interceder, mediante palabras de simpatía, alabanza o elogio).

Escucha activa 

Actitudes de atención que demuestran que se comprende lo que la persona está comunicando. Más aún, consiste en la habilidad de escuchar no sólo lo que la persona está expresando directamente, sino también los sentimientos, ideas o pensamientos que subyacen a lo que se está diciendo.

Empatía

Es comprender la posición o punto de vista de otra persona teniendo en cuenta que se reconoce y se identifica cada aspecto importante de su vida y facilitando la apertura de generar confianza y aceptación para lograr un resultado frente a un apoyo mutuo hacia sus propias necesidades. Es decir, reconocer cada área importante de la persona, de cómo percibe el mundo, los demás y el mismo. 

Solidaridad

Son acciones que expresan aceptación voluntaria de compartir las consecuencias, especialmente penosas o situaciones difíciles de otras personas o grupos. Algunos ejemplos pueden evidenciarse como la ayuda a una amiga o conocida que está siendo víctima de violencia ofreciendo apoyo en la búsqueda de información o asesoría para denunciar.

Por último, estudios realizados por Garaigordobil (2014), han evidenciado que los padres/cuidadores que aportan seguridad de apego, que insisten fuertemente para que sus hijos/as no hieran a otros, que les hacen reparar el daño cuando han dañado y/o agredido a otros, que son modelos altruistas en sus relaciones con otros, que refuerzan con aprobación social los actos espontáneos de sus hijos/as a compartir, ayudar o cooperar incrementan la probabilidad de conducta prosocial en los/as hijos/as. Por otro lado, la prosocialidad en los adolescentes se asocia a buenos resultados académicos en el colegio y a la demostración con más frecuencia de simpatía, motivación moral y se benefician en relaciones positivas para facilitar la aceptación por parte de los pares (Aguirre, 2016).

Ps. Fabian Rodolfo Acevedo super doc! 

Referencias  

Aguirre, E. (2016). Prácticas de crianza, comportamiento prosocial y adolescencia. Diálogos 5. Discusiones en la Psicología Contemporánea. Bogotá, D. C. (Colombia): Universidad Nacional de Colombia. Recuperado de https://www.aacademica.org/eduardo.aguirre/13

Garaigordobil, M. (2014). Conducta prosocial: el papel de la cultura, la familia, la escuela y la personalidad.  Revista Mexicana de investigación en psicología, 6 (2), 146-157. Recuperado de https://www.medigraphic.com/pdfs/revmexinvpsi/mip-2014/mip142d.pdf

Martinez, C. (2010). Pautas de crianza y desarrollo socioafectivo en la infancia. Diversitas, 6(1), 111-121. Recuperado de https://www.redalyc.org/pdf/679/67916261009.pdf

Roche, R. (1997). Educación prosocial de las emociones, actitudes y valores en la adolescencia. Universidad Autónoma de Barcelona, Barcelona. Recuperado de http://www.prosocialidad.org/castellano/docs/028_RR_edu_pro.pdf. 



martes, 22 de septiembre de 2020

COMIENZO EL VIAJE DE MI AUTODESCUBRIMIENTO

 


¿QUIEN SOY  Y COMO ME SIENTO?

Que importante es identificar como soy y como me siento, saber cuál es la estructura de mi personalidad, porque puedo manejar y controlar mis defectos de carácter y tener presente cuales son mis fortalezas y debilidades, esto me ayuda a relacionarme de una forma asertiva con los demás, en todas las áreas de la vida.

El temperamento es innato de nacimiento, ayuda a tener la identidad, define la personalidad y el comportamiento.

El temperamento se elabora en primer término alrededor de la afectividad y depende de un regulador nervioso, el tálamo situado en la base del cerebro, el cual  asimismo, regula las glándulas de secreción interna o constitución bioquímica, que pone de manifiesto disfunciones de los sistemas nervioso simpático y parasimpático, saturadas de una cualidad emocional constante que se mantiene casi invariable a lo largo de toda la vida. Cuando la corteza cerebral está perturbada aparece más pronto la emotividad y los sufrimientos.

El psiquiatra suizo Carl Gustav Jung establece la distinción entre los extrovertidos y los introvertidos. Poco antes que Jung el psicólogo francés Alfred Bidet había distinguido ya entre los tipos subjetivos (el sujeto está vuelto hacia el mundo interior)  y los tipos objetivos (hacia el mundo exterior).

Una vez aisladas las variables de introversión-extraversión y estabilidad-inestabilidad advirtió que combinadas obtenía cuatro tipos que se corresponden bastante bien con los cuatro temperamentos de Hipócrates y Galeno.

Extrovertido-Inestable resulta el Colérico.

 Introvertido-Inestable resulta el Melancólico.

 Extrovertido-Estable resulta el Sanguíneo. 

 Introvertido- Estable resulta el Flemático.

COLÉRICO: Es determinante, tiene confianza, el trabajo le da fuerza, demasiado apresurado, impaciente, defiende su punto de vista, explosivo, intolerante y con fuerte personalidad de líder, ambicioso, justo y responsable.

MELANCÓLICO:  valora, es justo, le gusta la belleza, todo debe estar en orden, es flexible, perdona fácilmente, compasivo, le gusta la soledad, es fiel, pensar que algo le va a salir o lo paraliza, una vez convencido lleva a cabo todo lo que propone y es perfeccionista, son sensibles e introvertidos, nerviosos o pesimistas.

SANGUÍNEO: Es divertido, positivo, alegre, no va al pasado, optimista, aventurero, social, amable vulnerable a las tentaciones, carismáticos, puede tener problemas si no se enfoca en lo realmente importante, quiere complacer a todos, pueden ser irresponsables y dependientes de los demás.

FLEMÁTICO: es tranquilo, resistente al estrés, restringido, tienen mucho sentido común, concreto, paciente, tolerante, acepta, falta de asertividad, entusiasmo, espontáneo, sumiso, equilibrados, pacíficos pueden ser apáticos y mediocres.

A veces se tienen una mezcla de temperamentos, no hay uno bueno o uno malo, Solo hay temperamentos mal enfocados,  cada uno tiene ventajas o desventajas, puede ser uno dominante y el otro complementario. 

En psicología, el temperamento es la naturaleza general de la personalidad de un individuo, basada en las características del tipo de sistema nervioso. Se trata de un modo espontáneo y natural de reaccionar, no aprendido, ni inducido por el ambiente o la educación. 

Es importante saber que la naturaleza básica del niño, vista a partir de su nacimiento, dicta, a menudo, su conducta. El maestro, el psicólogo y hasta los padres, pueden cometer equivocación en su crianza si no  se toma en cuenta el temperamento del niño. 

El temperamento sería la tendencia “primaria”, es decir espontánea y natural a reaccionar en un cierto estilo, mientras que el carácter,  al ser una tendencia “secundaria” es adquirido e influido por el contexto y  por la educación. Y la personalidad es la forma ùnica que reacciona cada persona de forma particular.  La diferencia con el temperamento es que la personalidad se va formando, mientras que los temperamentos ya están más o menos establecidos. 

Es por eso que la forma en la que traten a sus hijos y el entorno en el que vivan poco a poco construiràn su personalidad, por ejemplo si un niño que escucha gritos y agresiones en el hogar es muy probable que genere una personalidad agresiva, especialmente si su temperamento también  es agresivo.

Nuestro temperamento característico, no se juzga únicamente por la apariencia externa, por la estructura de nuestro cuerpo o de nuestro rostro,  tàmbien sobre la manera en que se realiza en nuestro cuerpo el equilibrio interior que nos mantiene en vida, este equilibrio se mantiene ante todo por tres sistemas, los sistemas nervioso, endocrino y sanguíneo.

El temperamento en la lactancia se focaliza en el sueño, en el programa de alimentación, en las primeras reacciones al baño, la adaptación hacia la nueva comida y  el llamativo y frecuente llanto y la risa,  etc. 

Durante la infancia la recogida de datos se centra en la reacción con los padres, los patrones de juego, la distractibilidad y la persistencia cuando juegan con un nuevo juguete o juego.

En los niños más grandes la adaptación a la escuela, a fiestas, a la familia, grupo de pares y a las actividades orientadas a tareas. 

En los adolescentes y adultos la identificación del temperamento es mucho más compleja, por el incremento de la variación individual en las actividades, se incluyen los intereses especiales, vida social, currículum escolar y experiencias laborales.

¿CÓMO AFECTA EL TEMPERAMENTO A LA FORMA EN QUE UN NIÑO SE COMPORTA? 

¿Cuántas veces hemos oído que describen a un niño como tranquilo, difícil o tímido hasta que lo llegan a conocer? Estas palabras describen características del temperamento, distinciones que influyen en la forma en que el niño reacciona a situaciones distintas. 

El temperamento influye cómo se relacionan con el niño (a), con sus maestros, compañeros y familiares, igual que cómo él (ella) se relaciona con ellos. Los problemas sociales, familiares y académicos aparecen normalmente cuando el comportamiento natural de un niño no se ajusta a lo que se espera de él.  Esto puede bajar su autoestima y motivaciòn.

TIPS PARA TRABAJAR SUS TEMPERAMENTOS

  • Manejar la educaciòn emocional  y sentimientos 

  • Tener un equilibrio entre afecto y disciplina

  • Manejar el control de impulsos 

  • Tener autocontrol y dominio propio 

  • Establecer lìmites

  • Mantenerse ocupados, encamina su ambiciòn 

  • Aprender habilidades sociales (mùsica, literatura, pintura)

  • Realizar cursos de convivencia

  • Trabajar sus características,  en forma positiva

MYRIAN CHACON SANABRIA  

Psicóloga Universidad INCCA de Colombia

Equipo FUNDAIMAGEN 

psicofundaimagen.mchacon@gmail.com


martes, 15 de septiembre de 2020

POSIBLE RELACIÓN DEL TDAH CON LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR

 


Se sabe que el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, está asociado a factores genéticos, igualmente, esta predisposición genética se puede desarrollar a través de factores ambientales cómo en el embarazo (baja nutrición, consumo de sustancias psicoactivas, tabaquismo, alcohol, intoxicaciones, enfermedades, factores de ansiedad e hijos no deseados). Ya en el nacimiento, la relación con la progenitora es fundamental para un adecuado desarrollo psicoafectivo en el niño o la niña, es bien conocido que un vínculo fuerte, una madre protectora y amorosa, da cómo resultado un niño sano; y por lo contrario, un vínculo inadecuado cómo los malos tratos, el desapego afectivo, son factores predominantes para un desarrollo no óptimo en el niño o la niña, un ambiente cargado de agresiones y modelos inadecuados en la infancia, propician la aparición del TDAH y otros trastornos asociados a la infancia.

Los científicos han mostrado que, a través de la resonancia magnética de alta definición a nivel estructural, muestran anomalías y bajo desarrollo en diferentes estructuras del cerebro, en especial la corteza cerebral y la corteza prefrontal asociada con el buen control de los impulsos.

A nivel funcional, vemos que cuando el cerebro es estimulado, no se dan las conexiones adecuadas para un buen funcionamiento de las conductas esperadas, mostrando la anomalía en un cerebro poco madurado con niños con TDAH. En muchas áreas subcorticales observamos un pobre desarrollo como la amígdala, la corteza prefrontal, parietal y temporal. 

Los niños y las niñas con dichos trastornos, exhiben desde su niñez dificultades en sus relaciones con su entorno, mostrando altos niveles de irritabilidad, bajo control de impulsos, pobres niveles de concentración y atención, frustración, inestabilidad emocional y una hiperactividad marcada, ya que no pueden quedarse quietos en un lugar, corretean por toda el aula, molestan a sus compañeros, muestran niveles bajos de atención e interés por los temas e interrumpen hablando continuamente, por lo tanto, un bajo rendimiento escolar. 

Tanto los docentes cómo los demás niños reaccionan de una forma inadecuada generando en estos pequeños mayor ansiedad y frustración, en muchos casos cómo el Bullying, rotulando a los niños como insoportables empeorando el cuadro; estas conductas igualmente se presentan en los hogares de los infantes y en otros entornos.

Los niños y las niñas que no son tratados, presentan en su desarrollo problemas escolares y en su relación con sus pares, desescolarización y baja autoestima.

Ya en la adolescencia, se presenta problemas de ansiedad, baja autoestima, depresión, consumo de sustancias psicoactivas, conductas delictivas, desescolarización y se tornan impredecibles en sus comportamientos asumiendo embarazos no deseados. En la adultez, más del 70 por ciento pueden perdurar con estos síntomas asociados a baja concentración e incumplimiento de metas en su actividad laboral, desorganizados en sus proyectos y labores, generando frustración y bajo desempeño en su ejecución, desencadenando que sean despedidos de sus cargos. 

Es importante anotar que el TDAH puede aparecer en la edad adulta.

Cuando los niños son tratados en su infancia, estos síntomas disminuyen drásticamente, logrando desarrollar una infancia, adolescencia y adultez normal.

Cómo el TDAH, generalmente es de origen genético, el tratamiento más adecuado es el medicamento que debe ser formulado por médicos psiquiatras, que se basan en estimulantes y otros no estimulantes, a nivel terapéutico se vinculan a los padres cómo a los maestros para un mayor entendimiento y manejo con estos niños, en algunos casos, se ha demostrado que muchos de estos padres tuvieron TDAH en su infancia y ya en su adultez presentan los síntomas asociados.

En cuanto a las niñas, se observan síntomas diferentes que, en los niños, cómo la ansiedad, depresión y baja concentración, dejando de lado muchas de ellas un tratamiento efectivo ya que los diagnósticos están más encaminados a la sintomatología observada en los niños que tienen mayor prevalencia que las niñas, por lo tanto, un diagnóstico para cada género es fundamental para su manejo.

Los tratamientos en jóvenes y adultos pueden incluir tratamiento farmacológico  bajo supervisión médica, esto ayuda ostensiblemente en los síntomas de impulsividad, disminuyendo las conductas agresivas y violentas. 

En estudios longitudinales en el Reino Unido, ha mostrado que los niños y jóvenes tratados con fármacos y terapia de tipo conductual, cognitivo conductual y terapia sistémica, han mostrado buenos resultados, igualmente terapias asociadas cómo el neurofeedback, mindfulness y otro tratamiento es generar a través de boinas electrónicas en el cuero cabelludo, bajas estimulaciones eléctricas con el fin de estimular las áreas en el cerebro prefrontal inferior derecho, propiciando bajos niveles de impulsividad en las personas tratadas.

En mis abordajes terapéuticos y con la experiencia en violencia intrafamiliar en Comisaria de Familia, he podido encontrar algunas personas con esa problemática asociada a violencia intrafamiliar.


Dr. Carlos E Perdomo C.

Psicólogo especialista en psicología jurídica, Universidad Santo Tomás, Bogotá.

Equipo Fundaimagen


lunes, 7 de septiembre de 2020

“Salí positivo… soy positivo”[1]

 





Reflexión sobre la construcción del medio social en tiempo de aislamiento 

“Creo que hay que pelear contra el miedo, que se debe asumir que la vida es peligrosa y que eso es lo bueno que la vida tiene para que no se convierta en un mortal aburrimiento”. Eduardo Galeano.

Tras cinco meses de “encierro” regulado por el gobierno nacional y local, los bogotanos completamos 168 días de aislamiento el 1° de septiembre, seguramente una cifra récord que permanecerá para el análisis de múltiples fenómenos sociales, económicos y mentales, sobre los cuales se ha iniciado diversas e interesantes reflexiones. Dada la naturaleza de la situación, la materialización de una pandemia mundial, por cierto, esperada como muchos otros fenómenos sociales que reposan en el imaginario colectivo de la humanidad, sería importante reflexionar sobre el miedo social como construcción representacional, que particularmente tiene expresión en el contagio al coronavirus. Una especie de suerte que se resume en la expresión “Sali positivo para el virus” y en una negativa que hace unos días escuché al subir a un ascensor: “para mí no fue…todavía”. La cara y sello de una tensión que tiene que ver con un temor fundamental humano, la muerte, que pone de presente su desplazamiento del ámbito personal al colectivo.

La psicología ha acuñado el concepto de “imaginario” como herramienta de estudio para abordar diversas problemáticas: Freud, Piaget, Jung y Lacan en la psicología; Bachelard, Cassirer y Castoriadis en la filosofía; Duby y Le Goff en la historia; Durand y Duvignaud en la antropología; y Moscovici y Jodelet desde la psicología social, muestran su riqueza y utilidad en la explicación de fenómenos sociales a partir de la consideración de lo imaginario como categoría de análisis. En particular, en las representaciones o imaginarios [2]  como conjunto de ideas, creencias, afirmaciones que hacemos sobre diferentes temas personales que prescriben nuestra práctica social y que compartimos con nuestro grupo social, bien sea en el ámbito familiar, de barrio, de localidad, de ciudad o país. Se trata de encuentros en la manera cómo entendemos y explicamos el mundo. Mencionar la diferencia territorial entre el sur y el norte, en una ciudad como Bogotá, puede orientarnos como ejemplo en el tema del imaginario social. Es sabido, que el norte como el lugar en el que viven los “ricos” se les asocia algunos imaginarios que se corresponden con múltiples interpretaciones: vive gente más educada, las casas son más costosas, las cosas son más costosas, entre otros. Se cuentan como imaginarios de los que hemos escuchado y por qué no empezamos a compartir.

En particular sobre lo urbano, como experiencia de vida en la ciudad se han venido profundizado diferentes e interesantes estudios que tienen como objetivo el análisis de complejas redes significativas que hacemos de la ciudad que habitamos, uno en particular sobre la vida y la muerte en la ciudad. La calle es el referente eje del encuentro con otros, de la posibilidad de la interacción social. Uno de los imaginarios sobre la calle es la posibilidad de perder la vida en ella o mejor de encontrar la muerte. Es poderoso, en la fuerza de los medios de comunicación un persistente referente que tiene como fórmula: “salió ese día de su casa sin saber que nunca regresaría…” alusión un poco al amarillismo con el que se presenta una realidad que ocurre en la ciudad, la de perderse o morir en la calle, en el anonimato y la indiferencia. Ese temor a no regresar, visto como imaginario se construye desde la noticia local y deriva en muchas circunstancias que alimentan prácticas sociales generalizadas, como el de evitar hablar con extraños, por ejemplo, o no recibirle nada a nadie.

 

En la situación de aislamiento que acabamos de pasar y en particular en la cuarentena con el lema “quédate en casa” la calle resuena como lugar peligroso, en el que nos podemos contagiar, en el que nos podemos encontrar con extraños que son “positivos”[3] que pueden contagiarme. Sin duda, las implicaciones son bastantes, no solamente en el tema de la calle como lugar de riesgo, sino de la propia casa como lugar poco seguro cuando se conocen las cifras de violencia intrafamiliar, la presencia de riñas y accidentes en casa. La cuestión vista desde el imaginario social empieza a enfrentarnos a tensiones personales que debemos empezar a resolver, echando mano de un sentido común que resulta ser el menos común de los sentidos. Salir por la presión social de trabajar y obtener el sustento vital. El encuentro con el otro, posible portador que me puede contagiar. Salir a respirar después del encierro, a hacer ejercicio, permitir que nuestros hijos se reencuentren con compañeros y profesores en el colegio, en fin, retomar la vida “normal” que teníamos empezando el año.

El miedo social, presente como se ha señalado en los peligros del mundo urbano, tiene entonces, un argumento que suma a la sensación de inseguridad extrema, en la que la idea de representación que se promueve en la llamada fase de mitigación de la pandemia, es la de “comportarnos como si todos tuviéramos el virus”. Una idea bastante fuerte que continúa haciendo impacto en la ya frágil condición mental de los habitantes de ciudad, como la ha sido las cifras de la pandemia, el número diario de muertes o la imagen de las calles desoladas. En nuestra nueva realidad, y pese a lo expuesto, la opción ahora es la gestión personal, el poner en práctica el aprendizaje más importante obtenido a lo largo de los últimos cinco meses: el autocuidado. La mitigación del miedo, que tuvo y tiene expresiones sociales en el rechazo y agresión al personal médico, por ejemplo, incluye el fortalecimiento personal en los comportamientos “auto” que serán definitivos para seguir haciendo tránsito en este tramo de la historia que estamos viviendo. El sentido de ser responsables, en la expresión esencial del sí mismo que debe alcanzar a los demás. El salir “positivo para ser positivo” como forma de contribuir al cuidado del sentido colectivo, que es el indicador más representativo de la madurez de una ciudad; cuando los comportamientos individuales se orientan al logro de objetivos sociales.

Hagamos un breve examen de las “ideas fuerza” con las que estamos asumiendo nuestra situación particular y personal, identifiquemos los temores y miedos que tienen fuente, no tanto en el contagio del virus, como en la muerte como causa extrema de padecerlo e incluso de transmitírselo a nuestros seres queridos. Que la experiencia, que estamos viviendo tenga balance positivo en la valoración de la vida, en la experiencia de integrarnos con los demás, en la comprensión de que el trabajo, la economía, la ganancia, la diversión, el encuentro social e incluso el placer, no están por encima del valor de la vida, que justamente lo tiene porque tiene su límite en la muerte, no como fin sino como sentido. Sobre la muerte y el duelo, será necesario regresar más adelante. Por ahora, retomar la idea del filósofo Antanas Mockus, en tiempos de la cultura ciudadana, que oxigenó en su momento, los imaginarios sociales del momento: LA VIDA ES SAGRADA.                              



[1] Juan Carlos Díaz Pardo. Psicólogo Equipo FUNDAIMAGEN.

Psicofundaimagen.jdiazp@gmail.com 

[2] Hacemos uso indistinto de los conceptos “representación” – “imaginario” tal y como se presenta en el contexto de la psicología social, a pesar de que existen intentos por situarlas con diferencias específicas.  

[3] Llama la atención la trasmutación del término “ser positivo” como presencia de cualidades personales, al término “ser positivo” como portador del virus letal que puede infectar a otros. 

lunes, 31 de agosto de 2020


 Ser asertivo

 Una elección de vida 

El tiempo en casa nos permite reflexionar acerca de ¿Quiénes somos?, ¿Cómo hablamos?, ¿Qué pensamos? y ¿Cómo actuamos? De una manera más detallada, profunda y analítica, es ahí donde identificamos que hay aspectos de nuestro comportamiento que sería importante mejorar, por el bien propio y de quienes viven con nosotros.

Uno de los aspectos principales, es la manera en la que nos comunicamos ya que esta es la base de cualquier relación. Teniendo en cuenta esto, hoy nos enfocamos en la asertividad.

            Esta puede ser entendida como aquel comportamiento a través del cual las personas pueden expresar sus sentimientos, pensamientos, creencias o necesidades, sin generar daño u ofensa a los demás, permitiendo de este modo generar oportunidades o espacios propicios para el diálogo y la vinculación interpersonal Rivera (2016, p. 39).

La asertividad es un comportamiento aprendido que es posible entrenarlo y con la práctica mejora y se puede aplicar en las diferentes áreas de ajuste (familiar, social y laboral).

A partir de esto, es importante identificar cómo es tu manera de actuar y expresarte hacia otros:

      Pasivo: Reprime emociones, cuesta dar el punto de vista sobre una situación, evita las conversaciones y situaciones que generan confrontación, es condescendiente con otros, no tiene claro lo que quiere y le cuesta tomar decisiones.

      Agresivo: Impone sus puntos de vista, no escucha, está a la defensiva, reacciona de manera impulsiva, señala, crítica, cuestiona, alza la voz e interrumpe.

      Asertivo: Da sus puntos de vista sin herir a otros, escucha de manera activa, mantiene el contacto visual, tiene claros sus derechos y deberes, identifica su responsabilidad en las situaciones y plantea alternativas de solución.

 

Seguido a esto, se identifican las pautas que es necesario implementar o fortalecer para lograr un comportamiento asertivo.

 

  Forma de expresión: Para fortalecer este aspecto es importante expresarnos, desde lo que sentimos, pensamos y hacemos sin señalar o herir al otro. Un ejemplo podría ser: me siento frustrado con la situación que estoy pasando, pienso en lo que podría suceder, yo quisiera que las cosas cambiaran, me gustaría buscar una solución.

    Escucha activa:  Prestar atención en una conversación y mantener el contacto visual, ayuda a entender el punto de vista del otro identificando lo que siente, piensa y quiere.

      Tener claros los derechos y deberes: Conocer e identificar los derechos y deberes permite tener límites claros en una situación determinada.

  Reconocer errores: Aceptar y reconocer la responsabilidad de nuestras acciones y la consecuencia de las mismas, baja la tensión e invita al diálogo.

  Plantear alternativas de solución: Tener en cuenta otros puntos de vista y buscar puntos intermedios. Genera una participación activa y un trabajo en equipo que fomenta la comunicación. 

Según Lazarus (1971) como se cita Caballo (1983, p.59 ), “el resultado de una conducta asertiva es la disminución de la ansiedad, unas relaciones más próximas y significativas, un respeto hacia sí mismo y una adaptación social”

Para concluir, la vida es un aprendizaje constante y que mejor que identificar en qué podemos mejorar para sentirnos en armonía con nosotros y los demás. Para esto es importante implementar o fortalecer las pautas mencionadas, ponerlas en práctica e interiorizarlas. Así optamos por la asertividad como una elección de vida.


Elisa E. Muñoz Parra

Psicóloga

Equipo Fundaimagen

 

Rivera, D. (2016). Desarrollo de habilidades sociales de comunicación asertiva para el fortalecimiento de la convivencia. Tesis de Maestría. Universidad libre. Bogotá. Recuperado de https://repository.unilibre.edu.co/bitstream/handle/10901/9585/Desarrollo%20de%20habilidades%20sociales%20de%20comunicaci%C3%B3n%20asertiva%20para%20el%20fortalecimiento%20de%20la%20convive.pdf?sequence=1&isAllowed=

Caballo, V. (1983). Asertividad definiciones y dimensiones. Revista estudios de psicología, 13,  59. Recuperado de https://www.researchgate.net/publication/271568613_Asertividad_Definiciones_y_dimensiones#:~:text=...%20n%20Asertividad%20o%20conductas,que%20normalmente%20alcanza%20su%20objetivo%22.


lunes, 24 de agosto de 2020

Dar sin recibir nada a cambio

           Es un acto social importante para la sociedad y el bien común. Más aun, ayudar a las personas de manera voluntaria frente a alguna necesidad y brindar un apoyo o colaboración por un beneficio a ellos, es un claro ejemplo que define el comportamiento prosocial. Esta consiste en conseguir un bienestar hacia los demás el cual está presente en una actitud colaboradora, solidaria y generosa que puede verse reflejado en cualquier momento o circunstancia de la vida social. Segun Holmgren, Eisenberg y Fabes (1998), la conducta prosocial hace referencia a los comportamientos llevados a cabo de una manera voluntaria para ayudar o beneficiar a otros, como serán compartir, dar apoyo, comprensión o protección (como se citó en Sanchez, Oliva & Parra, 2006, p. 2).

            ¿Y porque es importante? Para entender cuál es la relevancia de las conductas prosociales y su papel en el desarrollo emocional y afectivo en la población (infantil, joven, adulta y mayor), se describen algunos aspectos que contribuyen al bienestar personal y colectivo. 

  • A nivel grupal, acciones prosociales reduce comportamientos violentos lo cual permitiría una buena funcionalidad en la convivencia y armonía en las personas, grupos y sociedades 
  • Comportamientos prosociales produciría un efecto multiplicador, es decir, es una vía de aprendizaje colaborativo. Tanto el que ayuda como el ayudado genera una retroalimentación de resultados positivos favoreciendo a futuro la réplica de estas acciones y estableciendo así un modelo o ejemplo a seguir. 
  • Mejora la calidad de las relaciones sociales como familia, amigos, pareja y entre otros contextos desde la comunidad, escuela o trabajo.
  • Potencia el desarrollo de las habilidades sociales y de comunicación siendo más asertivo al servicio y colaboración en grupo o por el otro
  • Ayuda a mejorar las habilidades de resolución de conflictos, la capacidad de empatía, el control de la ira, el respeto por las diferencias, etcétera
  • Aporta a la cercanía con el otro mediante la expresión de actitudes como prestar atención, escuchar activamente, ser empáticos, disponer tiempo para el servicio y ser solidario. 
  • Contribuye a un clima de bienestar, paz, concordia, reciprocidad y unidad en un grupo de dos o más personas.
  • Motiva al comportamiento de ayuda y colaboración buscando identificar los mutuos beneficios desde una perspectiva de cooperación social. 
  • Permite comprender las normas sociales y atender a las funciones y finalidades de cada organización para así reconocer el punto de vista del otro
  • Entre aspectos importantes, influye en la prevención y afrontamiento adecuado al manejo emocional del estrés
  • En los pensamientos, permite como contenido significativo crear valores que inciden a la autoestima y autoconcepto para así desarrollar una motivación en el desempeño eficaz y el cumplimiento efectivo en cada actividad personal del día a día.
  • Facilita emociones positivas como la alegría, la satisfacción y la serenidad   

            De acuerdo a lo anterior, se puede rescatar que las conductas prosociales son un factor protector a la hora de afrontar situaciones de exigencia o demandas en la convivencia ya sea en familia, trabajo, escuela, entre otras. No obstante, el valor importante a la hora de aplicarla en la vida cotidiana es que permite desarrollar habilidades conectadas con las demás personas y mantiene actitudes en búsqueda de soluciones beneficiosas por el otro y para la sociedad. 

Ps. Fabian Rodolfo Acevedo

Referencias 

Garaigordobil, M. (2014). Conducta prosocial: el papel de la cultura, la familia, la escuela y la personalidad.  Revista Mexicana de investigación en psicología, 6 (2), 146-157. Recuperado de https://www.medigraphic.com/pdfs/revmexinvpsi/mip-2014/mip142d.pdf

Richaud, M., & Mesurado, B. (2016). Las emociones positivas y la empatía como promotores de las conductas prosociales e inhibidores de las conductas agresivas. Acción Psicológica, 13(2), 31-42.  Recuperado de https://dx.doi.org/10.5944/ap.13.2.17808

Roche, R. (1997). Educación prosocial de las emociones, actitudes y valores en la adolescencia. Universidad Autónoma de Barcelona, Barcelona. Recuperado de http://www.prosocialidad.org/castellano/docs/028_RR_edu_pro.pdf. 

Sanchez, I., Oliva, A., & Parra, A. (2006). Empatia y conducta prosocial durante la adolescencia. Revista de Psicologia Social, 21(3), 259-271. Recuperado de http://personal.us.es/oliva/prosocial.pdf.